El pasado sábado 24 de mayo hice parte de un voluntariado al cual pensaba que iba a ayudar pero resultó ayudandome más a mi. Quiero contarles en esta ocasión la historia de Emili.
El voluntariado se hizo por parte de la empresa donde trabajo en alianza con la fundación Techo. Mi empresa puso los recursos para los materiales y los voluntarios, la fundación se encargó de la logística y de la ejecución de principio a fin. Así suele funcionar la cosa.
Antes de vivir la experiencia si había escuchado de la fundación y siempre me había llamado la atención colaborar en una jornada de estas. Cuando me llegó el correo de inscripción al evento no lo pensé mucho y me inscribí.
Nos pidieron llegar al punto de recogida muy a las 7am porque debíamos empezar temprano y a donde teníamos que llegar era lejos, en un lugar recóndito de Ciudad Bolívar.
Quedé impresionado de lo apartado que era el punto de llegada de las vías principales, además que el bus tuvo que subir lomas en extremo empinadas. Por momentos me ponía nervioso porque se tambaleaba mucho y creía que nos íbamos a volcar. En una breve oportunidad pude ver a lo lejos el horizonte y la vista tan increíble.
A donde debíamos llegar el bus no podía pasar, la vía no era apta para ningún tipo de vehículo, tal vez solo motos podían pasar por allí, aunque si vi 1 en toda mi estadía fue mucho. La última parte hasta llegar nos tocó caminar.
Llegamos a la casa de Emili quien vive con su mamá (doña Nashly) y su hermano, una casa en extremo humilde, de esas que hacen con latas y con lo que encuentran para cubrirse. Nos recibieron con tinto y una enorme sonrisa.
Antes de llegar aquí no sabía nada de la historia de Emili, ni a quién íbamos a ayudar ni nada. Los organizadores de la fundación nos pidieron formar un círculo con todos los presentes y Emili fue la primera en tomar la palabra, nos pidió presentarnos y decir como nos sentíamos. Mi percepción es que es una chica de unos 13 años, dulce pero firme en lo que hace y lo que dice. Durante esta breve intervención nos contaron que Emili y sus amigos que hacen parte de un grupo de jóvenes líderes de la comunidad ¡se ganaron una visita a la NASA! El enterarme de esto me causó mucha curiosidad, pero luego tendría mi oportunidad de preguntar al respecto.
Me tomé un tiempo para contemplar el panorama:

Los de Techo bajaron las herramientas y empezaron a tomar medidas. Se notaba que ya habían hecho esto cientos de veces, Los inexpertos voluntarios mientras tanto observamos lo que hacían. En este tipo de terrenos suelen hacer casas elevadas del suelo para que el agua no les afecte mucho dado que construyen sobre laderas. Por lo que deben establecer los lugares donde poner los cimientos.
Una vez hechos los cálculos para poner los cimientos (también los llamaban pilotes), nos dividieron por grupos, nos dieron una barra de metal y una herramienta que se llama “hoyador“ que sirve para hacer huecos en el suelo. Con la barra se ablanda la tierra y con el hoyador se remueve. Claro, esto ni nos lo dijeron, ni nos lo enseñaron, pero poniendo las manos en la masa es que se aprende.
En total hicimos unos 15 huecos de entre 70cm y 1.50m de profundidad. En los huecos se ponían los pilotes y se usó una manguera con líquido para tomar el nivel y que todos los pilotes quedaran de la misma altura. Por momentos era desesperante porque a veces faltaban unos centímetros para terminar de cavar y al tomar la medida resulta que nos pasabamos cavando y tocaba rellenar, mediamos nuevamente y pasaba que habíamos rellenado mucho y tocaba volver a cavar, parecía un bucle de nunca acabar… Así hubo un par que nos tomó bastante del pelo.
Llegó la hora del almuerzo. Doña Nashly hizo sancocho y lentejas para todos, podía sentirse el amor en esa comida.
Vi la oportunidad de acercarme a Emili y a sus amigos y la aproveché. Me contaron que para poder aplanar el lugar donde estábamos construyendo la casa debieron hacer de todo para reunir el dinero. Contaban que se iban sábados y domingos al parque Simón Bolívar o al Tunal a vender cosas. Contaban también lo difícil que era esto porque en general se reciben más no que sí… Sea como sea lograron reunir lo que necesitaban. Y es que uno se pone a analizar y donde suelen construir es ladera, todo es ladera. Escucharles hablar de todo lo que hicieron me impactó.
¿De dónde sale tanta fuerza y tenacidad para ir de forma incansable y contra todo pronóstico a reunir dinero? ¿Y siendo prácticamente niños aún? Este gesto de amistad y fortaleza es algo que me rompió la cabeza. Hay cosas que definitivamente la razón no entiende.
Sobre la visita a la NASA me contaron que por medio de la biblioteca de la comunidad, donde pasan gran parte de su tiempo y aprenden cosas constantemente aplicaron al programa y se lo ganaron, aunque la historia está inconclusa aún. A pesar de tener cada uno asegurado su cupo, no cuentan con el patrocinio de la manutención durante la estadía. Deben seguir vendiendo cosas y haciendo toda clase de peripecias para reunir ese dinero. Inspirador.
Hacia el final de la tarde instalamos el piso y nos sacamos la foto del recuerdo:

Nos volvimos a formar en círculo y nos pidieron cada uno hablar sobre el momento favorito del día. Fue lindo escuchar a mis compañeros voluntarios sobre sus perspectivas de la experiencia. Mi momento favorito y lo dije fue lo siguiente: “Cuando pusimos el primer retablo del piso dije para mi mismo: Wow, todo este esfuerzo realmente vale la pena. Que gran satisfacción se siente el ver el fruto de todo el esfuerzo”.
Al final le tocó a Emili hablar, con voz entrecortada y desbordada de emoción nos dio las gracias… Justo eso es una fotografía que tomó mi corazón y me lo llevo desde ese momento guardado en el alma.
Para nosotros fue un día de esfuerzo, para Emili y su familia es un esfuerzo enorme de muchos meses y la culminación de un sueño.
Asi quedó la casa terminada:

Este post es un recordatorio de que luchar por los sueños vale la pena cuando los trabajas desde el corazón, y que gracias a todo lo vivido pude ver con claridad a qué me quiero dedicar el resto de mi vida. Creo que pude visualizar mi propósito en este mundo… Pero es algo de lo que hablaré más extensamente en otro post y en un futuro si logro tener avances. Hay que dejar volar la imaginación y dejar que tu corazón te guíe. Vuela alto.