Tuve la dicha de estar casi una semana completa en altos de Cazucá como misionero entre los días 10 y 15 de este diciembre que ya está acabando. Mi experiencia no fue para nada desagradable a pesar de lo estigmatizado que está el lugar.
Cazucá está ubicado una parte en la comuna 4 del municipio de Soacha y otra gran parte pertenece a la localidad de ciudad Bolívar de Bogotá. Los habitantes del lugar cuentan con un precario servicio de agua, no hay alcantarillado, ni hospitales, las vías no están en su totalidad pavimentadas, el microtráfico y la prostitución se ve a plena luz del día, mejor dicho, lo que rige a los habitantes en su diario vivir es la ley de la selva porque la presencia de la policía es intermitente.
La palabra Cazucá viene del nombre que le dieron al lugar originalmente que era “cazucha” y es que literalmente las primeras viviendas que se construyeron eran en lata, en cartón o cualquier elemento que pudiera proveer algo de resguardo ante los impases de la naturaleza, que a esa altura se sienten más salvajemente.

El origen de Cazucá se remonta a finales de los años 80’s cuando el grupo guerrillero M-19 inició su proceso de desmovilización, muchos de sus ex militantes iniciaron su proceso de reinserción a la vida civil en ese lugar, por ende la preocupación era únicamente buscar un espacio donde meterse a vivir sin importar que tocara vivir entre basura. Muchas de las casas que se ven allá siguen siendo de lata y cartón.
Es evidente inclusive a plena luz del día como el microtráfico opera; En cada esquina hay un jíbaro esperando vender sus “bichas” y en cualquier momento del día pasa una camioneta recogiendo el producido del día. Cada fin de semana hay por lo menos 4 muertos según nos dijo un subintendente de la policía con el que pudimos hablar y conocer de boca de él como es la situación. Por increíble que pueda parecer, el principal motivo de asesinato es el porte de cacuchas muy costosas porque eso es lo que está de moda allí, incluso, muchos delincuentes prefieren ir a pasar la noche en la estación de la policía que dar la gorra; Y es que le invierten hasta $400.000 a una cachucha. Increíble.
Los enfrentamientos entre pandillas son la única realidad que conoce la mayoría de la juventud, por eso el tema de las fronteras invisibles son tan evidentes como las drogas y la violencia. Hay muy pocos parques donde la gente pueda salir a distraerse, por lo mismo que el interés inicial de la población era solo buscar donde vivir y punto.
No todo es malo. Así como todo tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, yo decido darle un espacio importante a Cazucá en mi corazón por las cosas buenas.
La fama del lugar claramente lo genera las cosas malas, pero la culpa de todo eso negativo no la tienen sus habitantes. Muchas personas externas tienen sus intereses allí; Si el negocio de la droga no fuera tan lucrativo hace mucho ya que el gobierno hubiera arreglado toda esa problemática y todo lo que arraiga. Hay que ir allá para darse cuenta que no es tan difícil solucionarle la vida a ellos, pero no hay interés en enderezar el problema. Eso es más que evidente.
Como dije inicialmente, fui en nombre de mi universidad en una pequeña comisión de 10 personas a apoyar la labor de la parroquia que ha venido adelantando últimamente. Visité muchas casas, hablé con mucha gente, dimos charlas, jugué con los niños, ayudamos en las misas y en ningún momento noté una mentalidad resentida, depresiva o negativa.
Íbamos todos los días a desayunar y almorzar a casa de una señora llamada Gladys, que es todo un amor. En las mañanas salíamos a visitar casas en nombre de la parroquia acompañados de otra señora llamada Genoveva que también es una calidad de persona. Nos brindaron mucho tinto y cositas para acompañarlo a donde íbamos a visitar. En las tardes ofreciamos charlas y espacios recreativos para niños, adolescentes y adultos. No me puedo quejar de toda la calidez que recibí, de todas las cosas ricas que comí, de todas las sonrisas y abrazos que me dieron.
A cualquier persona que le comentaba que iba a ir allá de misión le parecía una locura y más si eran 6 dias, pero no me arrepiento de nada, la pasé muy bueno. Además que pude conocer con mis propios ojos la verdadera realidad de allí, y si, están mal, pero los vínculos y las relaciones entre las personas son de mejor calidad que las personas que viven en estratos sociales más altos y mejor acomodados.
Hay mucho valor intelectual y artístico entre los jóvenes de Cazucá, es una lastima que nadie quiera hacerle frente al monstruo de la droga porque de no ser por ese problema tan tremendo y lo que arraiga, allí se podría engendrar científicos, poetas, literatos, músicos, deportistas y muchos otros roles valiosos que puede ofrecer una sociedad, pero lamentablemente ni el gobierno tiene el suficiente interés en querer alejar a la población de las calles y la delincuencia.
