El pasado 10 de octubre ocurrió en la ciudad un evento muy importante, de hecho fue en todo el país: Una marcha estudiantil. Yo estuve allí, también muchos conocidos que no pensé jamás verlos en algo así, la gran mayoría de mi universidad. Fue gratificante ver personalmente como toda una clase -la estudiantil- se unió para manifestarse. Toda la ciudad se paralizó.
El contexto es el siguiente: El gobierno de turno, que se posesionó el 7 de agosto del presente año, llegó a aplicar un plan de gobierno bastante polémico; Por estos días se estuvo transmitiendo el Presupuesto General para la Nación (PGN) para el año 2019 que entre otras cosas, ya fue aprobado en primer debate del congreso, sin embargo el programa es objeto de críticas porque le asigna el 25% de la riqueza general de la nación a defensa.
La medida fue fuertemente criticada porque para asignar dicho recurso se dejaría de invertir en la educación y la investigación. Por ende, se sentía como un deber de uno como estudiante ir a manifestarse.
La idea es apoyar la educación pública que es el camino correcto para brindar educación de calidad a la población y no ser pilo paga, que fue una excelente iniciativa, pero insuficiente.

Tipo 12 del día salimos por toda la carrera avenida séptima rumbo hacia la plaza de Bolívar de aquí de la ciudad de Bogotá. En el camino nos fuimos pegando a otros grupos de manifestantes de otras universidades, y los grupos se iban haciendo más y más grandes. Otras universidades también iban pegándose en el camino, yo veía ríos y ríos de gente, era impresionante ver la cantidad total de personas que asistieron.
Es la segunda vez que voy a una manifestación de este tipo, la primera había sido la velatón por los líderes sociales asesinados (que pensándolo mejor, debería escribir una crónica sobre ese día). Esta vez, siento un ambiente completamente diferente, con mucha energía y vigorosidad, la gente estaba indignada, en la velatón estaban sensibles.
Recuerdo que cantábamos una arenga que era como “¿En dónde está la USTA, la USTA dónde está?, la USTA está presente haciéndose escuchar”. Eso entonado a una sola voz y a todo pulmón te hace gritar como desde el alma, y era todavía más fuerte al ver compañeros de uno que normalmente son muy tímidos completamente desinhibidos, realmente no les importaba que les dijeran algo, todos nos sentíamos igual.
Los de la USTA cantábamos las arengas de la de La Salle, La Salle los de la USTA, todos cantábamos los del SENA -que eran minoría-, todos los presentes sentíamos que teníamos poder y lo manifestamos entonando arengas a todo pulmón.
El recorrido fue bastante largo, por eso el transporte público y otros establecimientos debieron de parar su funcionamiento hasta que se terminó la marcha, que podría decir duró por lo menos unas 6 horas todo paralizado. Todo este escenario me puso a pensar.
Históricamente las manifestaciones masivas han logrado importantes resultados como derogación de medidas injustas, levantamiento de leyes in-equitativas e inclusive reformas políticas. Por eso a las marchas estudiantiles son tan importantes, porque todo país en que haya tenido lugar una marcha de este tipo se sabe bien qué clase de poder ejerce la clase estudiantil en la sociedad.
Hay que hacer valer nuestro derecho a manifestarnos pacíficamente más seguido, en esos actos se da uno cuenta la importancia de trabajar en equipo y que el pueblo siempre va a ser mayoría frente a la clase dirigente. A la clase dirigente no le conviene que los estudiantes tomen medidas directas sobre ellos, porque son la clase literalmente más apta para acabar con la mafia que ellos tienen. Solo que a mucha gente le falta creerse el cuento, no todos los estudiantes marcharon, muchos aún viven con cierto nivel de sumisión.
Por eso digo que hay que romper el molde, hay que atreverse a salir de la zona de confort y ver de frente con mirada crítica al panorama de la realidad colombiana. Muchos siguen viendo el mundo a través de las redes sociales ignorando a propósito el dolor y el sufrimiento que viven las clases más bajas.
La guerra, como ya lo he dicho antes, no tiene sentido. NO hay ninguna lógica que justifique llevar a muchos jóvenes a combatir guerrillas, pudiendo sacar más provecho de los jóvenes educándolos y preparándolos con conocimientos de valor agregado. Eso no se logra enseñándoles a manejar armas de fuego.