Fui soldado, y en ese entonces me hicieron una pregunta: ¿Le pondría el pecho a unas balas que no son para usted?, sin dudarlo dije que no y sigo pensando lo mismo, solo que 6 años después tengo mucho más claro el porqué de mi respuesta.
Cada que tenía el camuflado puesto, el fusil cargado y saliamos a patrullar pensaba en lo siguiente ¿Qué pasa si hoy debo disparar al “enemigo”? ; Mis razonamientos éticos y morales eran gravementes cuestionados, porque me dí cuenta que ni él me conocía ni yo a él, que él no me había hecho nada a mí, ni yo a él, que ni siquiera sabía hincha de qué equipo de fútbol era ni él sabía mi equipo, y aun así tenía que matarlo si lo veía, porque o sino él me iba a matar a mí.
En Colombia hablar del conflicto armado es algo tan normal como hablar de series de Netflix; Aunque pensándolo bien cualquier conflicto bélico es normal en cualquier lado, lo raro es hablar de paz, aquí ser pacifista es muy peligroso porque esa ideología es motivo de ser asesinado. A los pacifistas se les llaman comúnmente “líderes sociales”.
El ser humano lleva tanto tiempo en guerra, que si sumamos el tiempo que hemos vivido completamente en paz sería menos de la cuarta parte de la historia de la humanidad. Si la guerra es algo normal y la paz no ¿Qué es lo que está pasando?
Hitler en su controvertido libro “Mi lucha” dijo que cuando la razón no se puede imponer la violencia lo hace más fácilmente y eso es lógico, nadie puede dialogar con un difunto. El problema es que vivimos acostumbrados a la violencia, por ejemplo es común pensar que los sapos mueren espichados, por eso nadie denuncia, por miedo a acabar con un final fatal.
Es mucho más difícil construir que destruir, así mismo, es mucho más difícil sentarse a dialogar con la parte opositora y ver que puntos en común existen, que coger y fusilar a esa misma oposición. El problema dejaría de ser tan crítico cuando podamos reconocer en los ojos de los demás la humanidad que tenemos en común, ni inferioridad ni superioridad, sino que seamos capaces de reconocer las diferencias de los demás y aceptar que sencillamente nadie es igual a nadie.
Mi historia y la de todos los demás seres humanos es diferente; Mi hermana y yo a pesar que hemos vivido juntos y físicamente somos iguales, nuestras ideologías son distintas, y eso está bien, porque el punto de vista de ella complementa al mío y al contrario. Nadie es capaz de divisar la perspectiva completa de la realidad, por eso abordamos los problemas siempre desde un punto de vista, nuestro punto de vista.
Hace un tiempo leí “El lobo estepario” de Hermann Hesse, allí hay una parte que dice algo más o menos así: “Los seres humanos deberíamos actuar como espejos los unos de los otros, no para ver similitudes, sino para ver diferencias”, Si todo fuera así ¿no sería la sociedad mucho más tolerante?
El diálogo es la herramienta más poderosa que tenemos los seres humanos, no hay ninguna otra especie animal que sea capaz de razonar y autodesarrollarse al nivel que los seres humanos lo hacemos, aunque ¿A qué costo es que pudimos adquirir tal facultad si todo el tiempo estamos en conflicto?
La fé en la humanidad me la devuelven Ghandi, Luther King, Thoureau y muchos otros que han demostrado que la no violencia es superior. Personas que se han atrevido a pensar afuera de la caja como dice Giovanni Stella el actual CEO de google. Tener las agallas de ir en contra de todo pronóstico, y de la ideología que se ejercía en sus respectivos tiempos y lugares es algo que todo el mundo debería valorar. El lado negro de esto es que comparten algo en común, a ellos los han asesinado en su gran mayoría, pero normal,. Todo eso de que eso de que maten líderes pacifistas es normal.
A pesar de que el final de sus historias son desenlaces fatídicos, yo pienso que el ejemplo de ellos basta para poder creer que sí se puede resolver problemas sin que requiera muerte ni odio; Solo que hay que dejar de lado el pensamiento de que es imposible salirnos del patrón guerra.
